
Creo, que la aspiración de una obra de arte en cuanto objeto, no es convertirse en mercancía. En si misma mantiene una vida, que desde su dimensión sagrada, podemos compartir como naturalezas esenciales que somos. Quizás se dio en las manifestaciones de Sierra, un planteamiento al que nos aboca de forma continua la economía de mercado, al alterar las palabras que mejor definen algo para utilizar el propio lenguaje del mercado, estableciendo metáforas, que en el mejor de los casos son perversas y discordantes, ejemplo, un objeto fabricado> no es exactamente una obra de arte, y entenderla como un producto, nos puede llevar a confundir valor y precio.
El ARTE se mueve en la búsqueda de la esencia desde cualquiera de sus innumerables miradas, careciendo de competitividad per se, el acercamiento al mismo tiene mas que ver con percepciones personales, niveles de conocimiento, interacción con el proyecto vital del artista, sensaciones, emociones, etc.
Surge así mi propuesta de la interferencia del Arte propugnando sus postulados y negando alguno o todos los atributos que se le suponen al mercado, manteniendo una relación paritaria en la búsqueda de sinergias. Estableciendo acciones que no estén en consonancia con los criterios del mercado. En definitiva, que el artista sea de facto un activista cultural, utilizando los intersticios que le deja el sistema para intentar transgredir y subvertir las reglas de juego los basamentos que sostienen al mismo y que de alguna manera están generando una injusticia social y socavando uno de los principios inalienables del hombre, la dignidad.
El ser conscientes de nuestro lenguaje, (la voz como expresión de la idea) nos hace más libres.
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